Espetones en la isla de Tagomago, por Chano Montelongo

Con el mar en calma, cuando uno se aproxima a la Isla de Tagomago, ésta parece adquirir connotaciones épicas… La quietud de la atmósfera, sus recios acantilados y su vegetación casi virginal le dan una apariencia legendaria, como sacada de un relato de la Odisea de Homero, y uno se imagina a bordo del mítico barco de Ulises en busca de Polifemo y la Isla de los Cíclopes, pero no, estamos en la moderna y confortable embarcación del Centro de Buceo Punta Dive, capitaneados por el instructor Giampiero Mancini, que se conoce esta agua como la palma de su mano.

El islote, de unas 90 hectáreas, está a apenas un kilómetro de distancia de Ibiza, frente al municipio de Santa Eulària. Tagomago es privada –propiedad del famoso empresario Matthias Kühn, marido de Norma Duval–, y un paraíso ambiental, no en vano está declarada Área Natural de Especial Interés por su flora y fauna, aunque su verdadera riqueza ecológica está bajo sus transparentes aguas, donde se encuentra un auténtico edén sumergido, no sólo por su excepcional biodiversidad, sino también por sus bellos escenarios submarinos.

El islote ofrece, al menos, cuatro inmersiones diferentes, cada cual más potente y sugerente y que se localizan en cada uno de los cuatro puntos cardinales: Tagomago Norte, Tagomago Levante, Tagomago Este y Tagomago Sur. Entre halcones Eleonor revoloteando en sus cantiles y cormoranes moñudos pescando en sus aguas, nos sumergimos para introducirnos en un lugar muy especial, porque en Tagomago, además de naturaleza, todo es historia y leyenda, empezando por su nombre: Roca de Magó, en referencia al general cartaginés Magón Barca, hermano del mítico Aníbal. En el pasado, por este peñón pasaron muchos navegantes y civilizaciones diferentes que también dejaron huellas de su paso en el fondo del mar. En la zona norte, entre hermosos canales de posidonia y bloques de piedra, hay vestigios de naufragios en forma de anclas, algunas de las cuales datan del siglo XVII, pero aquí también se han encontrado ánforas fenicias y antiguos cepos romanos y ¿quién sabe? quizá quede alguno más por descubrir, un aspecto que hace aún más interesante la inmersión.

Otra de mis zonas favoritas es la que da al sur, donde se sitúa un solemne faro que guía (y sigue haciéndolo) a los marinos desde 1913. Todo un orgullo que hoy, además, señale uno de los puntos de buceo más recomendables de Ibiza. El fondo cae de forma escalonada desde los 10 a los 35 metros y entre la inquieta posidonia, las pequeñas rocas y las grietas y cuevas del entorno podemos descubrir desde curiosos congrios y morenas que se asoman al paso de los buceadores, hasta espléndidos espetones que hacen la ronda matinal en el azul.

Pulpos enrocados, llamativas gambas, falsos abadejos, dentones, corvallas, brótolas, salpas y sargos y, ya en la zona arenosa, rayas y pequeñas tembladeras, completan el amplio catálogo de especies que habitan en este pequeño paraíso solitario de Ibiza.

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